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Nota preliminar del Autor.

  • hace 5 días
  • 2 Min. de lectura

Los relatos que leerán a continuación son salidos de mi imaginación, como una especie de tributo a la que fue la madre de mi madre, mi abuela Contemplación (Cony) Mendoza.


Ella fue traída en 1940 por su madre desde España, escapando de la dictadura franquista. Atrás quedaron sus hermanas y su padre, según supe de su propia boca. Cony tenía bien puesto su nombre. Ella tenía una mirada muy hermosa sobre las cosas del día a día, que le permitía ver la belleza en cada flor, en cada rostro y en cada atardecer.


Trabajó arduamente desde que tuvo consciencia, ayudando en las labores domésticas y luego llevó eso a otras casas, ayudando a las personas mayores que le pagaban pequeñas cantidades de dinero por su impecable dedicación. Cuando tuvo la cantidad suficiente y la posibilidad, consiguió una de las primeras cámaras Polaroid que llegaron a Argentina, por lo que se convirtió en una pionera de su época. Pudo mostrar su perspectiva del mundo gracias a la habilidad casi innata de captar imágenes, que tenían una sutileza y belleza únicas. Fue testigo de muchos momentos que los libros de historia retrataron en blanco y negro, pero ella vivió en carne y hueso.


Mi abuela Cony dio su último respiro en la madrugada de ayer, mientras dormía, habiendo pasado el día de su cumpleaños número 90 rodeada de sus hijos, nietos y bisnietos. Yo fui el que más cerca la tuvo durante toda su vida, a sólo unas cuadras de distancia. Yo, que ahora estoy escribiendo esta carta luego de encontrar su antigua polaroid y una pequeña caja con sus fotos antiguas. Yo que sueño con, algún día, ser un escritor de cuentos reconocido, como lo fue ella con su mirada contemplativa del mundo.


Encontré siete imágenes que tienen palabras escritas con su puño y letra en la parte trasera, y en las cuales me basaré para contarles la profundidad con la que ella veía el mundo, como si estuvieran sosteniendo esas fotos, o como si ella estuviera describiéndolas con su tono argento-español, mientras miraba achinando los ojos.


Mi nombre es Mateo Buenaire y este es mi intento de mantener la memoria viva de mi abuela, para que su visión de la vida no sea olvidada por mí, por mi familia, ni por elmundo, aunque el tiempo no se detenga y las fotos pierdan el tono de los colores con los que fueron retratadas.


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