[cap9] Foto L-86: Legado
- 22 abr
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Contemplación Mendoza sabía hacía bastante que la polaroid tenía un último disparo antes de que sus componentes quedaran obsoletos para siempre. También sabía que su problema de salud iría poco a poco en aumento, porque el médico así se lo había informado meses atrás, aunque ella lo había guardado en secreto todo lo posible. Ese mismo día y no otro, porque la vida tiene esas incoherencias repletas de belleza, su hija más pequeña le había dado la noticia de que en unos meses iba a volver a ser abuela. La sociedad opina que una madre no debe tener favoritismos, pero el amor que ella sentía por Olivia era distinto por el que sentía por sus otros dos hijos. Ella había visto reflejada su historia en su hija tantas veces que había perdido la cuenta. Y había aprendido a dejar que sea ella, a medida que crecía, la que saliera adelante encontrando su propio camino. A fin de cuentas, un día todo lo vivido se revaloriza con una acción que parece desconectada del resto, pero es en realidad la conclusión de nuestras elecciones más ínfimas.
Y ese día había llegado. Su primer nieto estaba allí en sus brazos y su salud, el tiempo, el mundo, dejaron de tener importancia. Algo en ella se había energizado. Hacía poco que había cumplido los cincuenta y un años, y sabía que había muchas cosas que quería vivir, sobre todo relacionado al recién nacido.
Olivia sostuvo el aparato y presionó el botón. El último disparo de la cámara dejó un silencio latente en el aire, porque ella bien sabía lo que ese momento significaba para su madre. Mientras la imagen iba enfriándose y revelando poco a poco el instante retratado de abuela y nieto, ella tomó al bebé en brazos nuevamente y comenzó a darle el pecho, con sus emociones revolucionadas, soltó la pregunta que la había carcomido durante semanas:
—¿Cómo lo haré, mamá?
—Bien, hija. Lo harás bien.
—Pero sin Omar... sin Omar yo...
—Sin Omar lo criarás excelentemente. Y cuando el niño crezca le contarás al niño que tuvo un padre tan valiente y fantástico que lo cuida en todo momento, y que siempre estará presente, como con esos niños que salvó de morir asfixiados en ese incendio.
—¿Cómo puedes ver lo bueno hasta en lo más trágico?
—Tu abuela y yo nos escapamos de un país en guerra. La muerte no pudo con la vida, porque esta encontró su forma de continuar. Siempre lo hace. Aquí está la prueba de ello.
—Que no te oigan mis hermanos...
—Tus hermanos son hombres y no entenderían el dolor y la felicidad de dar a luz a tu primer hijo. Mucho menos de llevar a cabo el velorio de tu esposo. A esta sociedad le faltan años de evolución para que las mujeres dejemos de ser entendidas como una acompañante de los pasos del hombre. Si quedas viuda, sobre todo a mi edad, te ven con lástima, como si no pudieras valerte por ti misma. No se te ocurra comprarte ese discurso. Tú fuiste criada de forma distinta a tus hermanos, y estoy seguro que criarás a tu hijo de forma maravillosa también.
—¿Y si me equivoco?
—Sería muy soberbio de tu parte creer que nunca te equivocarás. Todos lo hemos hecho y lo haremos en un futuro.
Los ojos de ambas fueron hacia la foto que mostraba la última instantánea de una máquina que había acompañado a Cony durante varias décadas.
—¿Qué harás con ella?
—La guardaré, por supuesto. No puedo deshacerme de algo que me hizo tan feliz, aunque ya esté obsoleto. Y la foto... la foto quizás la guarde en alguna caja, para que en el futuro llegue a manos de alguien que necesite verla.
—Hablas como algunos de los personajes de las novelas que me obligaste a leer durante el embarazo.
—Sí, y con eso quizás ayudé a que este pequeño un día tenga la misma pasión por la lectura que su abuela o su madre.
Olivia se movió lentamente, buscando algo en la mesa de luz contigua, junto a las tarjetas de felicitaciones y globos celestes. Emocionada, le pasó una bolsa de cartón blanco con un moño rojizo a su madre.
—Hija, ¿qué es esto?
—Tu regalo de abuela.
—¿Qué? ¿Qué me has...?
—Sé que no es lo mismo, sé que no tendrá la historia que tiene tu antigua cámara, pero es más rápida y saca fotos a color. Es un nuevo modelo que ha salido este mismo año.
Cony dejó la nueva polaroid a un costado y se lanzó a los brazos de su hija, ambas llorando de alegría, mientras el bebé sentía el calor de ambas, y el amor que se tenían. Fue su primer abrazo con las mujeres más importantes de su vida.
Esa cámara tuvo una primera foto, retratando el momento, pocos minutos después. Y también tuvo una última, veintidós años más tarde. A la última la conocí antes que la primera, que en estos momentos tengo a un costado, mientras escribo estas palabras, que son una mezcla de lo que me han contado y lo que me gusta imaginar. A fin de cuentas, todo en nuestra vida es una combinación de ambas, ¿no les parece?
Las historias que mi abuela me contaba del mundo despertaron en mí la curiosidad y las ganas de más, tanto como cuando leí mi primer libro: El Principito, de Antoine Saint-Exupéry.
Quiero creer que ella tomó un bolígrafo cuando la foto había terminado de enfriarse y colocó la palabra LEGADO, dejando con ella el deseo de que, algún día, alguien continúe sus pasos.
Aquello que recibimos de nuestros ancestros puede ser un nombre y apellido, sus genes, algo material, o la inexplicable necesidad de compartir con otros esa visión luminosa de aquello que nos rodea, para que en los días grises u oscuros siempre prevalezca y se eleve la luz, como el flash de una cámara que permite que la imagen se vea con claridad. Quizás no sea un fotógrafo, pero esta es la confirmación que necesitaba para focalizarme en las historias que quiero contarle al mundo, mientras lo recorro, como supo hacer ella durante casi un siglo. Un legado de palabras e imágenes que llevaré conmigo y pasaré a quien exista en mi futuro.
A veces el mensaje que la vida tiene para darnos no es el equivocado, sino que solamente está desordenado. Somos nosotros, con nuestra flexibilidad y apertura, los que tenemos la elección de ver más allá para poder encontrar el orden correcto de las cosas. Ese que nos invita a desafiarnos y transformarnos, cuando renunciamos a que la vida sea como deseamos, abrazar aquello que ocurre, y vivir lo que necesitamos vivir para finalmente avanzar.


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